Ema Escares

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Toda mi vida he sido dueña de casa, acostumbrada a atender a mi familia, esposo y tres hijos. En julio del año 2002, a los 41 años de edad, comencé con un fuerte dolor de cabeza y pérdida total de la visión del ojo izquierdo. A la semana, tuve lesión lumbar, perdiendo sensibilidad desde la cintura hacia abajo. Fui tratada por un neurólogo de la Clínica Dávila, en donde estuve hospitalizada durante 10 días, me hicieron varios exámenes de rigor para poder descubrir la enfermedad, pero lamentablemente no
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supieron cuál era mi diagnóstico. Fui hospitalizada nuevamente en noviembre del mismo año y se logró descubrir la enfermedad: “esclerosis múltiple”.

Después de esta fecha nunca mi vida ha sido lo mismo, dependo completamente de mi familia para poder vivir, ya que la visión de ambos ojos prácticamente es nula.

En el año 2003 la Isapre Consalud me derivó donde la Dra. Jacqueline Scherpenisse, quién desde un comienzo me acogió, escuchado y ayudado en lo que está a su alcance. Estuve alrededor de cinco años con interferón beta, los dos primeros años fueron buenos, posteriormente fui decayendo lentamente. En estos momentos me encuentro con otro medicamento (Mabthera) con el cual me siento mejor y veo por lo menos sombras.

En lo personal esta enfermedad ha sido devastadora, estoy perdiendo la compañía de mi esposo, mis hijos y hermana están a mi lado. Sinceramente si no fuera por ellos, no estaría dando este testimonio. Caigo en depresiones fuertes al verme tan vulnerable y que mi compañero no entienda esta situación.

La esclerosis múltiple, me ha enseñado valorar las cosas simples de la vida: ver, caminar, jugar con mis hijos, compartir una cena en familia, en fin, cuando uno no es capaz de hacerlo por sí mismo se da cuenta que estas cosas no tienen precio y cuando se pierden las valoramos de verdad.

Aprovecho de agradecer a mis seres queridos que están junto a mi, apoyándome con su preocupación, dedicación y entregándome un cariño incondicional.