
.
Tenía 23 años cuando sentí los primeros síntomas de la esclerosis múltiple, comencé a arrastrar mi pierna derecha y tuve neuritis óptica (ceguera temporal) en el ojo izquierdo, pero nadie me diagnosticó la enfermedad, sino hasta 2 años de experimentar síntomas.
En ese tiempo, los doctores no sabían mucho de la enfermedad y me trataban sólo con corticoides para tratar el dolor y la desinflamación.
.
Luego, surgió la posibilidad de usar interferones, pero debido a problemas económicos no pude seguir colocándolos y el deterioro fue siendo cada vez más progresivo.
Mi vida familiar también se resintió con la enfermedad, actualmente estoy separado y tengo una hija de 23 años y un hijo de 20 del cuál soy abuelo de un niño de 6. Me casé muy joven, yo tenía 21 años y durante mi matrimonio traté de darle todo lo que pude a mi señora, pero no es fácil compartir una vida con una pareja enferma y en ese sentido fue muy complicado.
Por otra parte, yo no era el mismo, mi genio se deterioró, me revelé muchas veces con gritos y reclamos acerca del porqué esto me había pasado a mí. Lamentablemente nunca supimos como llevar la relación, no consultamos con ningún especialista o terapeuta familiar y ese fue un error.
Actualmente estoy bien y viviendo en la casa de mi madre, me movilizo en silla de ruedas, pero no tengo problemas para trasladarme, trato de hacer una vida lo más normal posible, de hecho tengo mis antecedentes en la municipalidad por si surgiera la posibilidad de un trabajo que me distraiga, ya que estoy acostumbrado a la actividad.
Yo me desempeñé durante 15 años en la mesa de dinero del Bank of America y gracias a que tenía un buen puesto y sueldo pude tramitar una pensión de invalidez, que hasta el día de hoy, me permite estar tranquilo y vivir de manera digna, dentro de mis limitaciones.
Esta enfermedad me ha permitido recuperar mi humanidad, antes era un hombre que me creía el dueño del mundo, hacía diferencia de clases y miraba a la gente por encima del hombro, pero ahora es diferente, soy capaz de compartir y valorar a las personas por lo que son y no por lo que tienen o aparentan tener y en ese sentido mi enfermedad me ha enseñado bastante.
