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En el verano del año 2007 justo antes de salir de vacaciones, de un momento a otro comencé a tener problemas visuales que resultaron en una diplopía (visión doble). En principio, había bastantes dudas del origen de este problema, el cual podía estar asociado a estrés o alguna enfermedad más extraña. Después de varios exámenes dentro de un corto período, se detectó que esta rara enfermedad correspondía a esclerosis múltiple. Respecto a la diplopía, ésta desapareció prácticamente en su
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totalidad un mes después de su inicio.
Comencé a investigar acerca de la enfermedad y encontré por recomendaciones a la neuróloga Jacqueline Sherpenisse, quien ratificó el diagnóstico, me apoyo de sobremanera y en breve tiempo comenzamos un tratamiento a base de interferon beta y corticoides. Si bien psicológicamente al inicio fue complicado, respecto a la esclerosis múltiple tuve una reacción positiva y después de asumir completamente la enfermedad, mi recuperación fue cada vez mejor y viviendo una vida familiar, laboral y social con normalidad.
Debido a problemas de entrega de cobertura de mi Isapre Cruz Blanca (ex ING), estuve obligado a cambiar a un tratamiento de menor efectividad llamado Flebogama. En consideración de repetitivos problemas con la Isapre, inscribí un reclamo formal en la Superintendencia, que obligó a Cruz Blanca a pagar la cobertura indicada en mi plan de salud. En el transcurso de este período, finalmente cambié a otro tratamiento, más moderno y de índole trimestral, en base a Mabthera y una menor cantidad de corticoides.
Actualmente y después de 10 meses de tratamiento con Mabthera (más de dos años con la enfermedad), estoy en un período completamente estable y llevando una vida normal, permitiéndome estudiar un postgrado además de trabajar, manteniendo una dinámica vida familiar y social.
Por tanto, es importante que todas las personas con esta enfermedad puedan optar a un tratamiento adecuado según la naturaleza diversa de ésta e implicancias que tenga dependiendo del tipo de persona. También es fundamental sentirse bien psicológicamente, creyendo fehacientemente que con alegría y ocupándose de los problemas se puede salir adelante. En este sentido es elemental el apoyo familiar y contar con un equipo profesional de calidad.
